A CIEN AÑOS DE LA REFORMA UNIVERSITARIA

Fecha de publicación: 15 junio, 2018

Sede Nacional

Al cumplirse el centenario de la Reforma Universitaria de 1918, es momento de resignificar sus principios para adecuarlos a los tiempos que vivimos.

Hay escritos de duración efímera y hay escritos que perduran. Por su calidad literaria, por su significación histórica, por la trascendencia de sus conceptos.

El “Manifiesto Liminar”, ha sido, es y será un escrito perdurable. No sólo por la calidad de su prosa, sino también por ser una destacable crónica de los principales sucesos acaecidos en la Córdoba reformista de junio de 1918, que revela la profesión de periodista de Deodoro Roca, su autor.

Estos valores bastarían para hacer de este documento una referencia ineludible y perdurable para historiadores y estudiosos, pero no son los únicos.

En efecto, el Manifiesto Liminar es también un valioso reflejo de los principios que movilizaron a los jóvenes estudiantes universitarios en 1918, estudiantes que supieron trasmitir que los dolores que quedan se deben a las libertades que faltan, que la universidad no debe ser un refugio de mediocres, que la autoridad – en un hogar de estudiantes – no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando y que Enseñar es justamente eso: Amar y Sugerir.

Muchas cosas han cambiado en cien años, han cambiado los dolores que quedan y las libertades que faltan.

Ya nadie duda del enriquecimiento que al gobierno universitario aportan los estudiantes que son desinteresados, son puros y que no han tenido tiempo aún de contaminarse.

Los mecanismos de concursos y evaluaciones periódicas han minimizado la mediocridad de los docentes que ya no son exclusivamente representantes de una élite que buscaba auto-ensalzarse, sino que hoy son trabajadores vocacionales que comprenden que no hay enseñanza sin aprendizaje y que, cuando son graduados de la profesión que transmiten, no se ven como gobernantes ante gobernados sino que se sienten profesionales frente a futuros colegas.

Pero cien años después quedan dolores y faltan libertades, detectarlos y luchar por corregirlos es la tarea que seguramente harán los jóvenes que, como tales, viven siempre en trance de heroísmo.

Es deber de los docentes comprenderlos, es labor de los docentes alentarlos, es función de los docentes acompañarlos.

Porque solo marchando juntos se podrá, como fue en 1918, como es en 2018, como será en 2118, reconocer los dolores que nos quedan y luchar por las libertades que nos faltan.